martes, 26 de junio de 2012

RUEDA


RUEDA

En Ezequiel 10, el profeta nos describe una visión divina. Dice que debajo de cuatro querubines, había cuatro ruedas, y que a estas reudas se les gritaba: ¡Rueda!
El profeta está viendo una visión. Está viendo los querubines, y él ve que toda la obra de Dios es una rueda dentro de otra. Y cuando se les grita: ¡Rueda! Una se mueve, y las demás se acomodaban, unas para un lado, y otras para otro.
Las circunstancias no son otra cosa que el círculo de situaciones que te rodea. Lo que nosotros no logramos ver es cómo esa rueda de circunstancias va a funcionar para nuestro bien, porque no somos capaces de ver una rueda dentro de otra rueda.
En el libro de Habacuc, el profeta lo que estaba viendo era a los babilonios, y a los caldeos, oprimiendo al pueblo de Israel, pero Dios le estaba diciendo en otras palabras que él estaba moviendo una rueda dentro de otra rueda. Cuando esa gente se moviera, el plan de Dios se movería.
Cuando te despidieron de tu trabajo, se activó una rueda. Lo que pasa es que tú estás mirando la rueda de las circunstancias, y no estás mirando la rueda de lo que Dios está haciendo en tu vida en medio de esa rueda de circunstancias.
Que rueden los problemas, que rueden las dificultades, que ruede lo que tenga que rodar, porque mientras rueda, Dios se encarga de hacer una obra dentro de la obra. Eso es lo que tenemos que ver.
Pídele al Señor que te muestre la rueda dentro de la rueda, que te muestre lo que él está haciendo.
Dice la palabra que mientras más oprimían al pueblo de Israel, más se multiplicaban. El pueblo debía haberse fijado en la multiplicación, y no en la opresión. Si el pueblo de Israel llegó a ser más, pudo haber derrotado a Egipto. Pero Dios los tuvo que sacar.
Dios no necesariamente multiplicó al pueblo de Israel para sacarlos de allí, sino para que se quedaran con Egipto. Lo que pasa es que el pueblo de Israel nunca vio la rueda dentro de la rueda.
El pueblo de Israel debió haber visto lo que vio Egipto. Los egipcios se dieron cuenta de que el pueblo de Israel se estaba multiplicando, y temían que se rebelaran contra ellos. Y eso es lo que Dios quería: una rueda dentro de otra rueda.
No tengas miedo a que la rueda ruede. Pídele al Señor que te deje ver lo que él está haciendo dentro de la rueda.
Cuando tenías mucho, no sabías administrar. En medio de la crisis económica has aprendido a estirar el dinero. Y como en lo poco eres fiel, Dios te va a poner en lo mucho. No lo veas como que Dios te está oprimiendo, velo como que Dios te está enseñando a administrar correctamente. No es más que una preparación para las cosas que Dios te va a dar.
Si pierdes el trabajo, grítale a esa rueda: ¡Rueda! Si se pierde la casa… ¡Rueda! Si te dejan… ¡Rueda! Porque dentro de esas circunstancias hay algo que Dios está haciendo, y tu fe te va a mostrar que en medio de la opresión Dios está levantando a un pueblo fuerte.
Lo que Dios está haciendo es más grande. 

AUTOR:  Pastor Otoniel Font

miércoles, 20 de junio de 2012

LA SEMILLA QUE TIENE COSECHA


LA SEMILLA QUE TIENE COSECHA

Para poder alcanzar nuestros sueños es necesario que tengamos pasión. No podemos alcanzar la visión de Dios si no hay pasión.
Dice el Salmos 126, verso 6, dice que irá llorando el que lleva la preciosa semilla. Cuando habla de llorar se refiere a esa pasión.
Nehemías vivió en el tiempo de cautividad babilónica, y cuando vio el problema que había en la ciudad, comenzó a llorar, pero no un llanto de tristeza, sino de pasión, porque él quería arreglar aquello con lo que se encontró.
En tu vida tiene que haber esa pasión para que puedas alcanzar los sueños de Dios. El que sale con pasión, es el que construye con una mano y en la otra lleva la espada.
Si lo que haces no lo haces con lágrimas, no tienes derecho a cosechar; te va a costar lágrimas.
¿Cuántas lágrimas estás dispuesto a derramar por tu matrimonio? ¿Cuántas lágrimas estás dispuesto a derramar por tus hijos? ¿Cuántas lágrimas estás dispuesto a derramar por el negocio que Dios ha puesto en tus manos? ¿Cuántas lágrimas estás dispuesto a derramar por el ministerio? Cada vez que tengas un problema, ¿vas a ser de los que se queda, o vas a seguir andando?
Aunque sea llorando, aunque te cueste lágrimas, sal, y sigue andando. Pero no dejes tu país en manos de aquellos que no saben lo que tienen que hacer.
La promesa es que los que van llorando, han de regresar con regocijo.
En los próximos años, te vas a regocijar. Dios va a restaurar tu matrimonio, va a restaurar tu negocio. Te va a costar lágrimas, pero Dios va a llegar a tiempo. Se tiene que levantar una pasión en ti, para que aun llorando, sigas construyendo, y lo termines.
Hace falta cristianos de verdad, que no se vayan de la iglesia porque tuvieron problemas un día. Muchas veces pensamos en renunciar, pero no. Sigue; llorando, pero sigue.
Hay una cosecha segura, no para cualquier semilla, no para cualquier cosa que des o cualquier cosa que hagas, sino para lo que hagas con pasión.
¿Por qué Dios escogió a Pedro? Por su pasión. Cristo predicó de que tuviéramos espada, espiritualmente hablando, y ahí fue Pedro y se consiguió una espada. Esos son los que Cristo usa. Por eso llamó a Pablo. Dice la palabra que en celo y pasión el primero era Pablo. Acababan de matar a Esteban, no solo delante de él, sino que Pablo fue parte de eso, y al otro día Dios lo llama. Porque cuando Dios va a llamar a alguien, necesita a alguien apasionado en extremo. Porque no hay forma de promover el evangelio, si no es con pasión.
Te costará lágrimas, pensarás que no vas a llegar, pero sigue caminando, haz lo que tienes que hacer.
Hay quienes han perdido la pasión, y están llorando en su casa, pero no son los que lloran en su casa los que reciben, sino los que caminan llorando, los que siembran llorando, los que dan llorando, esos son los que regresan. No puede regresar alguien que no ha salido, alguien que no ha caminado. No puede regresar alguien que no ha salido de su zona de comodidad.
Sal. Te va a costar lágrimas; servir a Cristo te va a costar lágrimas, tener una empresa te va a costar lágrimas, pero sal, camina, construye, y termina.
Cada lágrima que tú has derramado caminando, cada lágrima que has derramado en pos de tu meta, cada lágrima que has derramado yendo hacia el lugar que Dios te ha llamado, Dios te la va a recompensar. Es cosecha segura. Viene tu tiempo de regocijo. Viene tu tiempo de las gavillas. Te va a costar, pero Dios ha prometido que regresarás con las gavillas en tus manos.
Has llorado, pero has llorado en tu casa. Ahora vas a llorar, pero vas a llorar caminando, y tus lágrimas lo que van a hacer es cambiar el terreno en el que estás sembrando, y tú vas a recoger.

FUENTE:  Pastor Otoniel Font